Fecha
de publicación: 2023
Oliva
es una niña ingenua que crece en la Sicilia de los años 60 en un entorno de
moralidad estrecha, en el que la mujer debía comportarse de acuerdo con los
patrones de conducta si no quería ser objeto de cotilleos y señalamientos. “La mujer es como un cántaro: quien lo rompe se lo queda”.
Vive cumpliendo las numerosas normas que le marcan su madre y la sociedad, intentando no llamar la atención de ningún hombre hasta que su familia decida su futuro con un matrimonio concertado. Sin embargo, este futuro se trunca cuando un chico pudiente se encapricha con ella y la viola con la esperanza de poder casarse con ella amparándose en la figura del «matrimonio reparatorio».
Este
hecho constituye un punto de inflexión en el libro porque, a partir de ese
momento, la protagonista se convierte en una persona distinta. Viola
Ardone consigue reflejar muy bien la pérdida de la inocencia, la conversión a la fuerza de Oliva en una mujer más madura, más escéptica hacia todo lo que le han
enseñado.
Me quedo mirando el techo y me pierdo en las líneas historiadas de las grietas, inmóvil, como si alguien me hubiera quitado la vida arrancándola de los huesos. Rozo mi vientre con las yemas de los dedos, pero ya no las siento mías, como si aún fueran las manos de otro las que me tocan. Voy recorriendo cada rincón de mi piel en busca de lo que ha cambiado para remediar el estropicio, como cuando lo del lóbulo de la oreja, pero no hay diferencia entre el antes y el después; todo parece igual, la fractura está dentro. Soy un cántaro roto.
Es
en este momento en el que la escritora nos presenta el gran dilema de nuestra
protagonista: ¿debe casarse con su agresor para no convertirse en un cántaro
roto y preservar su honor y el de su familia? Y es que con este libro
descubrimos que hace poco el Código Penal italiano preveía la figura del
matrimonio reparatorio, es decir, la posibilidad de eludir el delito de
violación si el agresor se casaba con su víctima.
Basada en hechos reales, Viola Ardone nos presenta un libro desgarrador narrado con una gran delicadeza. No podemos dejar de reflexionar en la posición de la mujer en los años 60, en la valentía de aquellas mujeres que luchaban por su dignidad pese a lo que la ley y la sociedad establecieran, la pérdida de la inocencia o el amor incondicional de la familia. Una increíble historia que todos deberíamos leer.
Sentado
en el taburete frente a la caja, finalmente veo lo que de verdad hay: me parece
un hombre cansado, que ha envejecido mal, decepcionado, como todos, por el paso
del tiempo. Él también ha perdido, él también es una víctima: de la ignorancia,
de una mentalidad rancia, de una masculinidad que había que ondear, costara lo
que costase, de leyes superadas por el tiempo y por la historia y sin embargo
aún vigentes, al menos hasta hace poco. Tenía razón Maddalena, papá, no hay
mujeres frágiles: solo es frágil quien está expuesto a la injusticia.

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