domingo, 1 de febrero de 2026

OXÍGENO, Marta Jiménez Serrano

Morirse por intoxicación de monóxido de carbono no estaba siendo difícil; lo difícil fue volver a la vida, ir contra la inercia del cuerpo, volver a llenar de oxígeno la sangre.”

Vuelvo a la novela autobiográfica (cada vez me gusta más).

En noviembre de 2020, la escritora y su pareja están a punto de morir por una intoxicación de monóxido de carbono.  Después de esto, ella tiene que aprender a entender lo que pasó, a convivir con lo que le supuso. ¿Pero cómo explicar algo que se vivió de manera inconsciente? Oxígeno es un relato del “accidente”, de los meses posteriores y del tiempo anterior, cuando se enamoraron y tomaron decisiones que de alguna manera les llevó al momento que marcó sus vidas. Se trata de un libro que ella no quería escribir, pues es difícil ser narradora de algo que vivió pero que no recuerda, pero “se sabe, en fin, resignadamente que aquello que nos obsesiona acabará cuajando en un texto, queramos o no, nos apetezca más o menos, creamos o no que pueda resultar interesante.”

Es difícil, sin embargo, reordenar la propia vida, los miedos, las emociones, las relaciones. Y más difícil aún es narrarlos. Por eso, el libro se pasea entre los pensamientos de la escritora, que fluyen, aparentemente sin orden, asemejando la mente frenética y bulliciosa de las personas, la de la narradora, que sigue intentando entender. Ella misma escribe: “Para narrar hay que ordenar —sintaxis, del griego clásico, «ordenar»—, y no hay otro modo de contar esto que no sea poniendo una palabra detrás de otra, una escena detrás de otra. Pero sepa el lector que toda ilusión de sentido es una fantasía.

Marta es una escritora muy honesta y humana, que se aleja en este libro de la mera narradora que escribe sobre los demás, para sumergirse en sus propias vivencias y escribir sin pudor sobre SU trauma, SU miedo, SU ansiedad, SU proceso de sanación, SU esperanza. Tan honesta, que no esconde su incapacidad para entrevistar a la arrendadora para dar una versión completa de la historia, pues no puede aceptar la negligencia y la falta de empatía de aquella. Ella no quiere contarnos una historia, quiere contarnos SU historia, su versión.

Con un gran sentido del humor y con mucha naturalidad, nos cuenta cómo tuvo que asumir la muerte y la vuelta a la vida. Con mucha belleza, compara la vida de nuestros abuelos y la de nuestra generación. Con mucho cariño, nos cuenta cómo Juan y ella se enamoraron, cómo construyeron un futuro sin pensar que podría acabar en cualquier momento, cómo lo afrontaron juntos.  “Ocultamos los defectos y las discrepancias para que nos quieran, y yo jugué sobre seguro: confesé mis pecados cuando ya era demasiado tarde, cuando él seguía fingiendo que no me quería del todo pero en realidad me quería ya mucho.”

En definitiva, una novela muy personal, intensa, emocionante, sanadora, redentora, reveladora, que se disfruta, que remueve y que se digiere poco a poco, aun después de haber cerrado el libro.

Hoy sé que todo lo que se guarda sale por otro lado, en forma de úlcera, de ansiedad, de urticaria, de sobrepeso, de tic, de insomnio, de vómito, de adicción, de parálisis, de libro.”

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