“Morirse
por intoxicación de monóxido de carbono no estaba siendo difícil; lo difícil
fue volver a la vida, ir contra la inercia del cuerpo, volver a llenar de
oxígeno la sangre.”
Vuelvo
a la novela autobiográfica (cada vez me gusta más).
En
noviembre de 2020, la escritora y su pareja están a punto de morir por una intoxicación
de monóxido de carbono. Después de esto,
ella tiene que aprender a entender lo que pasó, a convivir con lo que le supuso.
¿Pero cómo explicar algo que se vivió de manera inconsciente? Oxígeno es un
relato del “accidente”, de los meses posteriores y del tiempo anterior, cuando
se enamoraron y tomaron decisiones que de alguna manera les llevó al momento
que marcó sus vidas. Se trata de un libro que ella no quería escribir, pues es
difícil ser narradora de algo que vivió pero que no recuerda, pero “se sabe,
en fin, resignadamente que aquello que nos obsesiona acabará cuajando en un
texto, queramos o no, nos apetezca más o menos, creamos o no que pueda resultar
interesante.”
Es
difícil, sin embargo, reordenar la propia vida, los miedos, las emociones, las
relaciones. Y más difícil aún es narrarlos. Por eso, el libro se pasea entre
los pensamientos de la escritora, que fluyen, aparentemente sin orden, asemejando
la mente frenética y bulliciosa de las personas, la de la narradora, que sigue
intentando entender. Ella misma escribe: “Para narrar hay que ordenar
—sintaxis, del griego clásico, «ordenar»—, y no hay otro modo de contar esto
que no sea poniendo una palabra detrás de otra, una escena detrás de otra. Pero
sepa el lector que toda ilusión de sentido es una fantasía.”
Marta
es una escritora muy honesta y humana, que se aleja en este libro de la mera narradora
que escribe sobre los demás, para sumergirse en sus propias vivencias y escribir
sin pudor sobre SU trauma, SU miedo, SU ansiedad, SU proceso de sanación, SU esperanza.
Tan honesta, que no esconde su incapacidad para entrevistar a la arrendadora
para dar una versión completa de la historia, pues no puede aceptar la
negligencia y la falta de empatía de aquella. Ella no quiere contarnos una
historia, quiere contarnos SU historia, su versión.
Con
un gran sentido del humor y con mucha naturalidad, nos cuenta cómo tuvo que
asumir la muerte y la vuelta a la vida. Con mucha belleza, compara la vida de
nuestros abuelos y la de nuestra generación. Con mucho cariño, nos cuenta cómo
Juan y ella se enamoraron, cómo construyeron un futuro sin pensar que podría
acabar en cualquier momento, cómo lo afrontaron juntos. “Ocultamos los defectos y las discrepancias
para que nos quieran, y yo jugué sobre seguro: confesé mis pecados cuando ya
era demasiado tarde, cuando él seguía fingiendo que no me quería del todo pero
en realidad me quería ya mucho.”
En
definitiva, una novela muy personal, intensa, emocionante, sanadora, redentora,
reveladora, que se disfruta, que remueve y que se digiere poco a poco, aun después
de haber cerrado el libro.
“Hoy sé que todo lo que se guarda sale por otro lado, en forma de úlcera, de ansiedad, de urticaria, de sobrepeso, de tic, de insomnio, de vómito, de adicción, de parálisis, de libro.”

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