Publicación: 1862
“El
libro que el lector tiene a la vista es, de un extremo a otro, en su conjunto y
en sus pormenores, cualesquiera que sean las intermitencias, las excepciones o
las debilidades, la marcha del mal al bien, de lo injusto a lo justo, de lo
falso a lo verdadero, de la noche al día, del apetito a la conciencia, de la
podredumbre a la vida, de la bestialidad al deber, del infierno al cielo, de la
nada a Dios. Punto de partida: la materia. Punto de llegada: el alma. Al
principio, la hidra; al fin, el ángel.”
Poco
se puede añadir a las palabras de Víctor Hugo que, en el propio libro, intentaba
explicarle al lector su propósito con la que se ha convertido en una de las
grandes obras de la literatura universal.
Para
quien no conozca la historia, solo diré que Jean Valjean, nuestro protagonista,
fue condenado por robar pan para alimentar a su familia. Una vez fuera de
prisión, es rechazado por la sociedad. Ambas (prisión y sociedad) corrompieron
un alma pura, que durante toda la obra, lucha por redimirse y superar sus instintos
de venganza, haciendo prevalecer en su vida el bien, la honestidad y la bondad.
El
lector no solo hará un interesante recorrido por la Historia de la Francia del
siglo XIX. También, a medida que se ve inmerso en una fantástica historia, se
descubrirá reflexionando junto con el propio autor sobre temas como la fe, el
amor, la culpa, la redención, el hombre corrompiendo al hombre, la pobreza, los
prejuicios, la esclavitud o el poder del pueblo. Destacan las
múltiples reflexiones sobre la libertad, sobre el deber y sobre si la
conciencia y la justicia siempre van en la misma línea que el cumplimiento
riguroso de la ley.
Todo
ello en un contexto político y social revuelto y con una gran cantidad de
personajes, descritos con toda la complejidad de la naturaleza humana. Y es que,
para mí, Victor Hugo se ha convertido en un maestro de la psicología,
presentando unos personajes (incluso los circunstanciales) bien creados, con muchas aristas, con sus luces y sus sombras, sujetos a las contradicciones de
las emociones y de las circunstancias que les envuelven.
"Hemos sondeado ya las profundidades de aquella conciencia; ha llegado el momento de sondearlas de nuevo. No lo haremos sin emoción y sin sentir escalofríos. No existe nada más terrible que esta especie de contemplación. El ojo del espíritu no puede encontrar, en ninguna parte, más resplandores ni más tinieblas que en el hombre; no puede fijarse en nada que sea más temible, más complicado, más misterioso y más infinito. Hay un espectáculo más grande que el mar, es el cielo; hay un espectáculo más grande que el cielo, es el interior del alma. "
El autor le da una vuelta al concepto de miserable. Y es que nunca esta palabra estuvo tan llena de significado.
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| Fotografía del musical: Danny Kaan, extraída de la página web www.masescena.es |


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