Si
tuviera que definir esta novela en una sola palabra, lo haría con la de “entrañable”.
Pero también podrían añadirse las de “original”, “dulce”, “hilarante”, “tierna”.
En
un ambiente de postguerra, Juliet, escritora, descubre la existencia de un club
de lectura en Guernsey y decide escribir sobre él. Comienza a cartearse con
todos sus miembros y, encariñada con todos ellos, decide ir a visitarlos.
Narrada
de forma epistolar, el lector conseguirá entender la historia de Juliet, su
relación con Sydney (su editor), el excéntrico origen del llamativo nombre de
la sociedad literaria y las curiosas vidas de todos sus componentes. Todo ello
en un entorno de postguerra en el que sigue presente el hambre y el miedo, pero
con un tono esperanzador que se desprende de la humanidad de los personajes,
que, con sus diferencias y sus peculiaridades, han formado una familia que,
unida, ha sobrellevado la ocupación alemana. (Sobre la convivencia entre alemanes
y ocupados, sin exceso de dramatismo y con un punto de luminosidad, me ha
recordado mucho a Irene Nemirovsky con Suite francesa).
Aunque al principio es difícil sumergirse en la historia (quizás muchas cartas y muy breves, con muchos destinatarios), hay un punto de inflexión: una extensa carta en la que se dan las referencias de Juliet. A partir de ahí, empieza a entenderse qué se está leyendo y se descubren unos personajes maravillosos. Tan humanos, tan generosos, tan unidos, que no solo será Juliet la que se quiera quedar a vivir allí.
Y
por cierto, ¿qué les unió? La lectura. Porque este libro es también un bello
homenaje al placer de leer, a la necesidad de leer para salvarnos, a los
escritores, a los lectores, a las librerías y a sus libreros.
Me
encanta ir a las librerías y conocer a los libreros; están hechos de una pasta
especial. Nadie en su sano juicio aceptaría trabajar de dependiente en una
librería con el sueldo que se cobra, y nadie en su sano juicio querría ser el
propietario de una de ellas, porque el margen de beneficios es demasiado
pequeño. Así que tiene que ser el amor por los lectores y por la lectura los
que les empuja a hacerlo, junto con la posibilidad de ser los primeros en ojear
las novedades.
Mi consejo: si eres un lector controlador que quiere entender desde el principio lo que está leyendo, déjate llevar. El error puede ser el de intentar conocer la historia y la personalidad de todo personaje para identificarlo. Es necesario conocerlos poco a poco, fluir con las cartas y dejar que los hechos narrados vayan cobrando vida en la imaginación. Solo así, se consigue sacarle todo el jugo a la historia.
Una lectura muy amena. Recomendable para un fin de semana triste y lluvioso. Consigue levantar el ánimo.
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