Publicada
en febrero de 2026.
“Me
gustaría escribir este libro bajo el signo de la piedad filial, pero no estoy
seguro de ser capaz. […] Si sigo por esa pendiente, no voy bien encaminado para
hacer de este relato el monumento de piedad filial que me gustaría que fuera.
Aun así, me pongo a ello con la esperanza de que me sorprenda, de que, al
perforar la corteza de rencor y malentendidos acumulados desde hace más de
cincuenta años, llegue a los que debe ser la fuente de este libro: el amor sin
límites que nos unió en mi infancia. Pero decir esto es pretender saber una vez
más lo que espero, cuando lo que espero es lo inesperado, lo que espero es lo
imprevisto. Ya se verá.”
Tras
el funeral de Estado, Emmanuel hace una biografía de su madre, Hélène Carrère d’Encausse,
persona de gran reconocimiento en la vida intelectual francesa. De origen
georgiano y germano-ruso, fue una conocida historiadora y política, la primera
mujer que ocupó el cargo de “secretaria perpetua” en la Academia Francesa.
A
pesar de estar narrada con una gran maestría y de que la vida de Hélène fue apasionante,
me ha costado mucho conectar con la historia, cargada de datos, nombres propios,
eventos, situaciones y anécdotas. Sin duda, un gran libro para un curioso que
quisiera saber más sobre ella o para cualquiera de sus admiradores. Sin embargo,
me ha faltado algo más de emotividad, conocer más a la madre, que aparece solo
temporalmente, siendo el personaje principal la persona pública.
Por
otro lado, este libro me ha permitido reflexionar sobre un par de cuestiones que
pueden dar lugar a profundos debates:
1. ¿Dónde está el límite en lo que
narramos? ¿Hasta dónde llega el derecho a la intimidad? En los capítulos
finales, la descripción de la enfermedad y la agonía de su madre es tan
detallada, aporta datos tan íntimos, que me hacían sentir incómoda, invadiendo
la esfera más íntima de una familia. Tampoco creo que sea necesario contarlo
todo. De hecho, como familiar, preferiría olvidar. ¿Qué habría pensado su
madre, siempre preocupada por la opinión pública, de que se conocieran hasta
los mínimos detalles de sus últimos momentos? ¿Qué piensan sus hermanas, sus
hijos, sus sobrinos?
2. ¿Ha dejado de ser la escritura un
acto de intimidad, de reflexión, para convertirse en un acto de exposición? Me
sorprende que en plena agonía de una madre, un hijo se tome un tiempo para
escribir todos los detalles de esos momentos con intención de no olvidar nada y
poder plasmarlo en un libro. Porque no se trata de escribir lo que se siente para
poder gestionar, no. Se escribe para guardar los detalles, para el libro, para
ser fiel a la realidad. ¿Hasta dónde llega la necesidad de contar? ¿Prima la
necesidad de escribir o, más bien, la necesidad de publicar?
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