domingo, 12 de abril de 2026

KOLJÓS, Emmanuel Carrère

 

Publicada en febrero de 2026.

“Me gustaría escribir este libro bajo el signo de la piedad filial, pero no estoy seguro de ser capaz. […] Si sigo por esa pendiente, no voy bien encaminado para hacer de este relato el monumento de piedad filial que me gustaría que fuera. Aun así, me pongo a ello con la esperanza de que me sorprenda, de que, al perforar la corteza de rencor y malentendidos acumulados desde hace más de cincuenta años, llegue a los que debe ser la fuente de este libro: el amor sin límites que nos unió en mi infancia. Pero decir esto es pretender saber una vez más lo que espero, cuando lo que espero es lo inesperado, lo que espero es lo imprevisto. Ya se verá.”

Tras el funeral de Estado, Emmanuel hace una biografía de su madre, Hélène Carrère d’Encausse, persona de gran reconocimiento en la vida intelectual francesa. De origen georgiano y germano-ruso, fue una conocida historiadora y política, la primera mujer que ocupó el cargo de “secretaria perpetua” en la Academia Francesa.

A pesar de estar narrada con una gran maestría y de que la vida de Hélène fue apasionante, me ha costado mucho conectar con la historia, cargada de datos, nombres propios, eventos, situaciones y anécdotas. Sin duda, un gran libro para un curioso que quisiera saber más sobre ella o para cualquiera de sus admiradores. Sin embargo, me ha faltado algo más de emotividad, conocer más a la madre, que aparece solo temporalmente, siendo el personaje principal la persona pública.  

Por otro lado, este libro me ha permitido reflexionar sobre un par de cuestiones que pueden dar lugar a profundos debates:

1. ¿Dónde está el límite en lo que narramos? ¿Hasta dónde llega el derecho a la intimidad? En los capítulos finales, la descripción de la enfermedad y la agonía de su madre es tan detallada, aporta datos tan íntimos, que me hacían sentir incómoda, invadiendo la esfera más íntima de una familia. Tampoco creo que sea necesario contarlo todo. De hecho, como familiar, preferiría olvidar. ¿Qué habría pensado su madre, siempre preocupada por la opinión pública, de que se conocieran hasta los mínimos detalles de sus últimos momentos? ¿Qué piensan sus hermanas, sus hijos, sus sobrinos?

2.  ¿Ha dejado de ser la escritura un acto de intimidad, de reflexión, para convertirse en un acto de exposición? Me sorprende que en plena agonía de una madre, un hijo se tome un tiempo para escribir todos los detalles de esos momentos con intención de no olvidar nada y poder plasmarlo en un libro. Porque no se trata de escribir lo que se siente para poder gestionar, no. Se escribe para guardar los detalles, para el libro, para ser fiel a la realidad. ¿Hasta dónde llega la necesidad de contar? ¿Prima la necesidad de escribir o, más bien, la necesidad de publicar?



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