lunes, 9 de marzo de 2026

PARA HELGA, Bergsveinn Birgisson

 


Pronto emprenderé esa mudanza forzosa a la que todo hombre está abocado, querida Helga. Y como no podría ser de otra manera, los hombres intentan quitarse lastres de encima antes de embarcarse en semejante viaje. A la vista queda que se me ha hecho demasiado tarde para escribirte, ahora que todos están más o menos muertos o seniles, pero lo voy a hacer igualmente. Si mi carta te causa malestar, no tienes más que deshacerte de estos cuatro garabatos. Mis palabras solo albergan buena intención. Nunca te deseé otra cosa que el bien; ya lo sabes, querida Helga.”

 

De manera similar a Carta de una desconocida, de Stefan Zweig, Birgisson nos presenta una novela epistolar muy bien lograda.

El protagonista escribe su respuesta (tardía) a una carta que recibió de Helga, la que ha sido el amor de su vida, un amor apasionado y furtivo. Esta carta refleja la nostalgia de un anciano que presiente cercana su muerte y necesita liberarse y justificar la decisión más importante de su vida: no huir con Helga y seguir con su mujer.

«Comprendí que mi mente nunca conseguiría librarse de ti, que te desearía en tanto continuara respirando. Me trae sin cuidado escribirlo, querida Helga, soy un anciano sin nada que perder. Pronto se apagarán mis brasas cuando yazca con la boca abierta, llena de tierra. ¿Continuaré deseándote?»

Entre recuerdos, vivencias y reflexiones, el autor nos cuenta (y muy bien) una historia conmovedora, que pone las emociones del lector a flor de piel. La melancolía, el amor, la pasión, el deber, las renuncias, la enfermedad, la muerte y la vida rural son algunos de los temas que se abordan en este libro. 

Y es que, para entender la decisión de Bjarni, tenemos que asumir que esta carta es una doble declaración de amor: el que siente hacia Helga, pero también el que siente por su granja y su tierra natal.

“El amor también reside en la vida que he disfrutado aquí, en el campo. Y desde el instante en que escogí esta experiencia y la asumí sin lamentaciones, aprendí que uno debe atenerse a la decisión tomada, cuidarla y no desviarse de ella —es un gesto de amor—.”

“El camino que había recorrido hasta entonces se bifurcaba. Tomé ambas sendas. Y sin embargo, no seguí ninguna como es debido. Porque yo caminaba por una…, pero tenía el corazón en la otra. A tu lado.”

De esta manera, descubriremos entre sus páginas la Islandia rural, con sus parajes, sus costumbres y su vida ganadera. El autor hace una gran defensa de la cultura islandesa.

El caso es que así es como se desmorona todo lo que se ha construido con el tiempo en la cultura islandesa; la gente se va al extranjero y aprende cualquier mamarrachada que no guarda ninguna relación con Islandia, e intenta hacer todo lo posible, en nombre de las nuevas tendencias, para echar a perder y mandar al carajo las prácticas singulares que se han desarrollado aquí.

Con una prosa bellísima y un primer capítulo que deja sin aliento y que ya nos vaticina lo que van a ser las páginas siguientes, esta pequeña obra se ha convertido en una lectura imprescindible.

 

 

 

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