Año de publicación original como folletín o reportaje: 1934.
Año de la primera edición: 2007
“Me tiré sobre aquellos panes blancos como una fiera. Acostumbrado ya a los precios fabulosos del buen pan en los sitios donde había guerra, me acerqué el tacón de la bota, saqué una moneda de oro, la puse sobre el mostrador de la cantina y empecé a acarrear panes al vagón, echándoselos a Sole por la ventanilla. La gente se reía de mí. Pero es que ellos, ¡infelices!, no sabían todavía lo que es un pueblo cuando le falta el pan.”
Esta
obra nos cuenta la vida de Juan Martínez y su pareja, Sole, bailaores de
flamenco, que tienen que buscarse la vida como artistas por diferentes países. Por
azar, terminan en un cabaret en Rusia, en la época zarista. Poco después,
estalla la revolución y quedan atrapados allí.
Establecidos
finalmente en Kiev, sobrevivirán a la revolución, la guerra civil, los
bolcheviques, el ejército blanco, la crueldad de un bando y otro, la Checa, el
fin de la guerra, el hambre y las enfermedades. Juan Martínez se ve obligado a irse
adaptando a las circunstancias y ejercerá de crupier, de guardia rojo, de guardavías,
de artista de circo, de traficante de joyas, vendedor de zapatillas… con una única
meta: sobrevivir.
"A los ojos del pueblo,
empobrecido y hambriento, tan feroces aparecían unos como otros; si tiranos
eran los blancos, más lo eran los rojos y tanto desprecio tenían por las leyes
divinas y humanas éstos como aquéllos. Pero los rojos eran unos asesinos que
pasaban hambre y los blancos eran unos asesinos ahítos. Se estableció, pues,
una solidaridad de hambrientos entre la población civil y los guardias rojos.
Unidos por el hambre, arremetieron bolcheviques y no bolcheviques contra el
ejército blanco, que tenía pan. Y así triunfó el bolchevismo. El que diga otra
cosa miente; o no estuvo allí, o no se enteró de cómo iba la vida."
La
originalidad de este libro se encuentra en la forma de narrar: como una crónica,
lo cual no es sorprendente si pensamos que su autor no era un escritor, era un
periodista. Así se aprecia, fundamentalmente, por dos motivos. El primero, por la
estructura del libro, dividido en capítulos y, a su vez, en subcapítulos que
narran hechos concretos. El segundo, porque a pesar de que el narrador es Juan
Martínez y narra en primera persona, se nos presenta como un testigo neutral, ajeno
al país y a la política, que se encuentra allí por casualidad y que simplemente
nos narra lo que vio y vivió, con una cierta distancia.
Quizás
el toque tan periodístico, con un exceso de hechos, nombres, personajes, que
aparecen y desaparecen, me haya alejado un poco del libro, de la historia. Puede
que su manera de contar las atrocidades que vio de una manera tan ajena, como
alguien que no formaba parte del conflicto, obedecía a una necesidad de
protegerse, de no revivir con profundidad, de quitarle dureza, ¿de esconder
otra historia, más profunda para él? “Sus cambios de chaqueta” para sobrevivir,
normal en una situación de guerra, son difíciles de entender cuando se cuentan
con esa “ligereza”, incluso a veces con un sutil toque de humor.
"Lo peor de todo era
que a veces pasaban petardeando la calle unos camiones cargados de
combatientes, que disparaban a granel contra la pobre gente que estaba en la
cola: viejos, niños y mujeres, y algunas veces vi caer al que estaba delante de
mí y al que estaba detrás, mientras yo me palpaba el cuerpo extrañado de
haberme quedado en pie. Y, en definitiva, un poco contento, porque había ganado
un puesto en la cola y tenía una probabilidad más de alcanzar el panecillo."
Por
otro lado, hay una pregunta que ronda la cabeza del lector durante todo el
libro. ¿Existió Juan Martínez? A veces, se hace difícil creerlo porque le pasan
tantas cosas, está siempre tan cerca de la muerte por meterse a veces donde no
le llaman y siempre sobrevive, por los pelos, que hace pensar, no que el
personaje sea inventado, pero que quizás este bailaor de flamenco adornó
algunas de sus vivencias. Parece que también duda el escritor Andrés Trapiello
sobre que “sea una novela, un reportaje, o una crónica novelada”.
En
cualquier caso, es una buena obra para reflexionar sobre la guerra, sobre el padecimiento
del pueblo en situaciones de crisis, sobre el miedo, la muerte, el hambre, la
enfermedad.
"Es curioso: a los siete días de estar oyendo los cañonazos ya no se tiene miedo a los cañones. Se acostumbra uno a ellos y se oyen sus estampidos como quien oye llover, pero se sigue teniendo miedo sin saber a qué, a algo mucho más grande, mucho más terrible que eso tan sencillo que le ha pasado al vecino de enfrente."
Para mí, la mejor parte es el final. Juan Martínez desaparece y deja paso al autor, que habla al lector y nos cuenta una parte de la vida de Juan Martínez que él no ha narrado (quizás por eso el tono a veces un poco superficial).
[SPOILER] Juan Martínez y Sole habían tenido una hija, que habían dejado en Italia. Y allí volvieron a buscarla. En el libro, se nos contaba que volvían a Italia, haciéndose pasar por italianos, para salir de Rusia. Pero había otro motivo: una hija que dejaron allí y a la que mandaron dinero mientras pudieron. Lo cierto es que no llegaron a encontrarla.
Chaves
Nogales aquí hace una manifestación propia, con la que coincido plenamente y
que me ha llevado a reconciliarme con el libro. La transcribo: Éste era el
verdadero folletín de la vida del maestro Juan Martínez. ¿Verdad que es bonito?
A última hora me asalta la sospecha de que tal vez esta historia, íntima,
insignificante, de la niña perdida podía haber sido más interesante que todos
esos espantosos relatos de guerras y revoluciones que el maestro Juan Martínez
hace en estas páginas con escrupulosa fidelidad histórica y prodigiosa
exactitud de detalle. ¡Quién sabe si las porteras tienen razón y hay más
humildad en ese viejo folletín de la hija perdida para sus padres que en todo
el horror de esa guerra y esa revolución, tan inhumanas que nadie cree que sean
verosímiles! Acaso no se deba nunca superar la medida de lo humano.
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