martes, 17 de febrero de 2026

La acabadora, Michela Murgia

 

“Fillus de anima.

Así es como llaman a los niños engendrados dos veces, por la pobreza de una mujer y por la esterilidad de otra. De ese segundo parto era hija Maria Listru, fruto tardío del alma de Bonaria Urrai.”

 

Así comienza este libro, que narra la infancia y primera juventud de Maria como hija de alma de Bonaria Urrai. La historia, que trascurre en Soreni (Cerdeña), aproximadamente en los años cincuenta, comienza cuando Bonaria, mujer de avanzada edad, adopta a María, la cuarta hija de una familia humilde.

Maria, en cambio, acostumbrada a considerarse a sí misma una insignificancia, había tardado más tiempo en darse cuenta de que constituía un tema de conversación. Su madre, Anna Teresa Listru, mujer fascinada por las numeraciones en cualquier forma que se le presentaran, la había habituado a verse como parte de una secuencia con sus hermanas, según una fórmula ritual siempre idéntica: «¿Y quién es esta niña?». «Es la última». O bien, simplemente: «Es la cuarta». Tan profunda era aquella huella de clasificación de carrera campestre que, en los primeros tiempos, Maria había tenido que morderse la lengua para no presentarse a sí misma de esa manera, como la última o la cuarta. Bonaria no podía saberlo, pero de algún modo debía de haberlo intuido, porque cuando había que hacer las presentaciones ante extraños siempre se le adelantaba: «Ella es Maria». 

A partir de ese momento, Maria crece feliz, con una nueva madre, que la hace sentirse única. Sin embargo, esta relación maternofilial peligra cuando la pequeña descubre un secreto todos conocen en el pueblo: su madre de alma no solo es modista, también desempeña un tradicional oficio, es una acabadora, persona que ayuda a los demás a transitar hacia la muerte.


Esta novela, narrada como una sencilla historia desde la perspectiva de una niña no es nada sencilla.  En pocas páginas, la autora nos hace reflexionar sobre la maternidad, la culpa, la eutanasia, las tradiciones, los silencios, el perdón… Pero sobre todo, sobre el tránsito a la muerte y la compasión por el dolor ajeno.

A los quince años Bonaria ya estaba en condiciones de entender que hacer ciertas cosas o solo ser testigo de ellas implicaba la misma culpa, y desde entonces jamás la había asaltado la duda de no ser capaz de distinguir entre la piedad y el delito.”

Todo ello junto con una descripción de la gastronomía, los paisajes, las ropas y los rituales de nacimiento, vida, boda y muerte de un territorio con sus propias reglas, como Cerdeña. El viaje a la isla sarda es inevitable leyendo las páginas del libro. 

Y es que si algo es llamativo en este libro es que podemos hablar de un tercer personaje: la región de Cerdeña, con sus tradiciones, sus supersticiones y su idiosincrasia. Sus habitantes, incluso, se refieren, en el libro, al resto de Italia como “el continente”. Es imposible no tener presente a la premio Nobel Grazia Deledda, que dedicó parte de su obra a dejar por escrito todas estas particularidades sardas que la hacen una región muy especial dentro de Italia.

Breve pero intensa. 

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